TESTIMONIOS

Sueño cumplido

Antes de ser beneficiarios y ocupar la vivienda de MEVIR, vivian con la madre de María en un asentamiento inundable cerca del Rio Uruguay en la ciudad de Paysandú afectandoles las crecidas de dicho rio y de un arroyo cercano.

Hoy en día la pareja esta estable en la localidad de Constancia, ella realiza sus trabajos de peluquera y el trabaja realizando changas en las estancias de la zona. Los chicos están escolarizados y se han terminado las afecciones de salud, respiratorios causados por el ambiente donde vivan."

María nos relató su realidad previa a vivir en una casa de MEVIR: "Vivía en Paysandú, en una casa, que en los días de lluvia se nos inundaba, las paredes se deterioraban solas, era un horror como viviamos. Los días de lluvia, tormentosos, siempre nos queda ese recuerdo cuando se nos inundaba la casa que perdíamos todo, nos corría la creciente. La verdad que era horrible."

"La tratabamos de sobrellevar, más que nada por los niños, uno que es grande se acostumbra. Se trata de siempre querer poder superar, tratar de mejorar. Más que nada eran los niños, se me enfermaba uno, se me terminaba de curar del ataque de asma uno y tenía el otro, la humedad y todo. Tenían más problemas de salud que otra cosa mis niños."

Tambiñen nos cuenta de su experiencia cuando le hablaron de la posibilidad del convenio: "Primero pensamos que era un sueño, que nunca ibamos a llegar y cuando me dijeron no lo dude y la segui peleando, luchando para obtener la vivienda, ahora que la tengo la cuido como oro. Tengo una quintita, me acuerdo el primer día que me la dieron que estaban los pastos y estuvimos limpiando y limpiando para que quedara perfecta. El primer día que mi hijo quiso rayar la pared le dije, no mi amor acordate de cuando, de donde viviamos antes, hay que cuidarla y hasta el día de hoy la valora y la cuida también."

 

CONVENIO MEVIR - MIDES: Las viviendas son reparadas y readjudicadas a las familias que el MIDES identifica. Durante los dos primeros años el ministerio cubre el total del valor del alquiler y luego la familia comienza a pagar una cuota de alquiler simple. En ese tiempo los equipos de profesionales del MIDES acompañan a la familia en el proceso que busca finalizar con un contrato de arrendamiento con opción a compra como es el caso del resto de los participantes de MEVIR en el país.

Actualmente hay cerca de 80 familias benefiadas por este convenio.

Un futuro distinto

 

Daiana esta trabajando de forma regular en las chacras de las inmediaciones de la localidad. Cuando se enteró de la posibilidad de participar del Convenio MiDES MEVIR, nos contó: "Yo feliz que iba a poder tener mi hogar y que haciendo las cosas bien iba a poder ser mía, iba a dejar de alquilar. Es diferente vivir con todas las comodidades que alquilar en un lugar más precario." 

"No se como vivia antes, como explicarte, yo vivia en un lugar super precario, muy húmedo, una casita re chica y ahora estoy feliz, mis nenas tienen mucho espacio, tienen su cuarto, es diferente. A futuro quiero mejorar la casa, quiero hacerle un alero, un techo porque no tengo mucha sombra y seguir viviendo aca, nada más que eso." 

El equipo de técnicos de la institución siempre estuvo en contínuo acompañamiento: "Muy reconfortante, muy cálidos, un gran apoyo, porque si necesitaba lo que sea, hacerles preguntas o cualquier cosa que me sucediera estaban ahí a la orden. Bien."

"Estoy que super feliz, muy agradecida por la oportunidad que me dieron de llegar a tener mi mi propio hogar con todas las dificultades que hay aca en Constitución, que no es nada facíl que uno pueda tener su propia vivienda."

 

CONVENIO MEVIR - MIDES: Las viviendas son reparadas y readjudicadas a las familias que el MIDES identifica. Durante los dos primeros años el ministerio cubre el total del valor del alquiler y luego la familia comienza a pagar una cuota de alquiler simple. En ese tiempo los equipos de profesionales del MIDES acompañan a la familia en el proceso que busca finalizar con un contrato de arrendamiento con opción a compra como es el caso del resto de los participantes de MEVIR en el país.

Actualmente hay cerca de 80 familias benefiadas por este convenio.

 

 

 

 

Otra vida

María José tiene 38 años y es la jefa de hogar de una familia de 7 hijos, 2 de ellos independientes. Los que viven con ella tienen 7, 8, 12, 14 y 18 años. El mayor hace changas, los demás son estudiantes.
Ella es auxiliar de servicio en una cooperativa social del Mides.


Viven en una casa en la zona de La Montañesa. Se mejoró la existente que se encontraba muy deteriorada y se anexó un módulo de dormitorios y un baño.
Trabajó su hijo Diego en la construcción así como Maria José mientras estuvo de licencia y un colaborador. Diego nos comenta: "la casa fue algo diferente, estabamos acostumbrados a otra vida" y agrega: "Ahora llegas de trabajar y te relajas".


Se encuentran “muy entusiasmados, felices con esta nueva posibilidad de vivir mejor, aún no lo pueden creer”.
Se trabajó en forma muy coordinada con el Mides, con técnicos del Etaf “La Madeja”.

Desafíos para lograr un sueño

Nos cuenta que previo a ser beneficiaria del convenio, se crió en una localidad del departamento de Salto: Colonia Itapebi. Luego de casarse vivió en diversas localidades: Puntas de Valentin y en la capital, en donde sufrió violencia y situación de precarización habitacional. Finalmente Diana vuelve al lugar donde se crió, Colonia Itapebi, “...con mucha fé para lograr muchas cosas...”.

Desafíos para lograr un sueño


"Vivía en Salto, la verdad que horrible, tenía que levantarme todos los días ir y venir, siempre estaba con eso de que estaba alquilando y que no era mío, que si me atrasaba me decían. Un lugar feo porque vivía al fondo de otra casa, tenían una cantidad de perros, como tres, cuatro perros y se llenaban de pulgas, hasta en el piso de hormigón y el vecino de al lado tenía criadero de caballo y un olor espantoso. Lo que yo podía pagar era eso, más que eso no podía. Estaba en una situación mal."
A través del convenio de MEVIR con MIDES, a Diana se le habló de la posibilidad de acceder a su vivienda propia: "Una emoción grandísima, la verdad fue algo que dije tengo que conseguirlo y bueno voy luchar por eso. Es maravilloso tener una casa, lo mejor que puede pasar tener un techo y lograrlo."


"Yo chocha y mi hijo también, cuando vio la casa, una casita nueva, el cuarto que tiene todo, allá no tenía nada y ahora la verdad es que los dos estamos re bien. Hace 5 meses que me mude. Estamos bien tranquilos con una alegría inexplicable."


Diana resalta emocionada, el cambio que significó este convenio en su vida:
"La verdad que muy alegre y los felicitaría a todos ustedes porque la verdad es una dicha que nos puedan ayudar a todos nosotros que estamos necesitando. La verdad de corazón que queríamos el techo, de verdad. Muy buen trabajo el que están haciendo"
En cuanto al futuro de su familia, lo vive positivamente: "Bien, luchando cada día con todo lo que tengo y para adelante con mucha fé y bueno para lograr muchas cosas."


Un equipo especializado trabaja acompañando a Diana en este proceso, y nos cuenta su experiencia: "Fue buenísima, con ustedes dos que fué con los que más compartí, la verdad que los felicito, muy buenas personas y les agradezco a ustedes y a la señora que estuvo también."


Finaliza su relato, con un deseo que está alineado a la visión tanto de MEVIR como del MIDES como equipo:
"Les pediría muchisimo de corazon de que sigan ayudando asi como estan haciendo, a las personas que quieren de corazón una casa y quieran salir adelante que puedan tener su ayuda."

 

CONVENIO MEVIR - MIDES: Las viviendas son reparadas y readjudicadas a las familias que el MIDES identifica. Durante los dos primeros años el ministerio cubre el total del valor del alquiler y luego la familia comienza a pagar una cuota de alquiler simple. En ese tiempo los equipos de profesionales del MIDES acompañan a la familia en el proceso que busca finalizar con un contrato de arrendamiento con opción a compra como es el caso del resto de los participantes de MEVIR en el país.

Actualmente hay cerca de 80 familias benefiadas por este convenio.

Historias que cambiaron realidades

La entrevista se desarrolla en el galpón de obra y Viviana les pide a sus compañeros que esperen afuera porque está un poco nerviosa por la cámara que la filma mientras hablamos. Recuerda que cuando se enteró del llamado de MEVIR se inscribió y fue una de las seleccionadas en la primera instancia del llamado. Al comenzar la obra no tenía ningún conocimiento de construcción pero luego de 19 meses de trabajo lo vive como una experiencia muy enriquecedora tanto para ella como para el grupo. “Fue una experiencia muy linda porque aprendimos mucho, a levantar paredes, pintar mucha cosa”.

Esta es la primera vez, de varias, que se emociona durante la entrevista y tras una pausa retoma el aliento para continuar con su historia. “Me emociono porque llegamos ignorantes de todo lo que aprendimos acá. Nos llevamos muchas cosas buenas porque puede haber algo que mañana se nos rompe y ahora sabemos como solucionarlo”.

Mientras repasa los meses de trabajo y convivencia junto a los otros participantes de obra concluye que un lindo grupo que tiene que aprender a convivir y piensa en el futuro, ”de aquí en más vamos a convivir más cercanamente. Fue compartir y aprender a conocer a las personas. Ahí empezamos a crear lo que va a ser las relaciones en el grupo. Empezamos a crear comunidad. Estuvimos compartiendo 19 meses y ahora ya nos conocemos porque antes que vivíamos en el pueblo no nos conocíamos”.

Una vez más se emociona, en particular cuando hace una pausa y piensa en el futuro de cada una de las familias y la suya en ese nuevo espacio que están a pocas horas de habitar.

Viviana es empleada doméstica. Hace 7 años que trabaja en una casa de familia allí en Curtina. Durante el proceso terminó el liceo y se recibió de bachiller. Trabajaba de mañana y todas las tardes iba para la obra, a la noche estudiaba. A veces le resultaba agotador pero recalca con firmeza que cuando una tiene el sueño de tener su casa, “el cansancio, el frío, el calor, cuando vemos la casa decimos eso quedó atrás y me quedo con esto que es divino que es mi casa”. Esa noche, la misma de la inauguración, dormiría allí por primera vez.

Información adicional

En total se inauguraron 34 viviendas que fueron realizadas en terrenos de MEVIR a través del sistema de ayuda mutua con apoyo de los técnicos y obreros de la institución. Se trata del tercer plan de Mevir en la localidad de Curtina, ubicada a 50 kilómetros de la capital de Tacuarembó. Con esta entrega Curtina alcanza un total de 100 viviendas construidas en la localidad. Además de las viviendas, MEVIR construyó un sistema de saneamiento con laguna de tratamiento y redes que es ambientalmente de primera calidad. Todas las viviendas cuentan, en el marco del convenio Fondo Solar Mevir de la institución con UTE y la Dirección de Energía del ministerio del área, con colectores solares de agua, calefactores de alto rendimiento y cortinas de enrollar en las ventanas de los dormitorios, lo que suma a la eficiencia energética.

 

 

A la par

Cuando les llegó la noticia de que MEVIR iba a intervenir en la localidad, no dudaron en averiguar, llevaron la documentación solicitada, un tiempo después se enteraron que quedaron seleccionados y luego restaba esperar, “¿cuándo van a venir, cuándo van a venir?” pensaba la pareja.

Finalmente el momento llegó, “trabajamos todo el invierno, duro y parejo los dos, sin faltar un día” recordaron. Para Julio y Gloria haber sido parte de un programa de MEVIR fue una alegría, destacan el compañerismo que lograron con el personal de la obra y su paciencia por enseñarles todo lo que ellos no sabían sobre albañilería. “Hoy estamos muy conformes, tenemos un muy buen techo, con piso, con baño terminado, todo marchó muy sobre ruedas, muy integrado el grupo de mevir, estamos muy contentos de todo, una alegría inmensa”.

La localidad del departamento de Artigas, celebró el 26 de noviembre, el cierre de las 42 recientes intervenciones realizadas en la zona. Además Baltasar Brum cuenta con 6 planes anteriores, que asciende a un total de 312 intervenciones, entre ellos viviendas construidas en terreno de MEVIR, construcciones e intervenciones en terreno propio, tanto en área rural como en área urbana.

“Yo me quedo en Ansina”. El orgullo de pertenecer a un lugar y concretar un sueño compartido

Más tarde, se mudó con sus hijos a una vivienda alquilada porque, según relata, la convivencia con hijos adolescentes y personas mayores tiene sus dificultades y ellos necesitaban su lugar.

Cila tiene 39 años, nació y creció en Villa Ansina, una localidad de Tacuarembó.Sus hijos tienen 14 y 17 años. Según cuenta, su nombre se lo debe a la partera que la ayudó a llegar a este mundo. “Por eso hay entre 3 y 4 personas que en Ansina llevan el nombre de Cila” expresa mientras continúa su historia de cómo accedió al que hoy es su hogar.

“Luego de un tiempo concreté la compra de un terreno cuyo destino sería el de construir una casa para vivir junto a mis hijos, un sueño compartido desde mucho tiempo atrás con mi esposo”.

Desde siempre, recuerda, quiso aspirar a construir una vivienda a través de MEVIR. “Me gustaba porque era más rápido y eran tan lindas las viviendas que siempre quería una vivienda de MEVIR. Con mi esposo queríamos esas viviendas. En el primer plan no salió, pero el segundo me anoté y salimos”, recuerda.

Cuando llamamos a Cila para pedirle que cuente su historia aceptó sin dudarlo. Al llegar nos recibió en la puerta de su casa con una sonrisa amplia y nos invitó a pasar con la promesa de hacernos un recorrido por la vivienda que concretamos sobre el final.

Se mudó a su casa nueva el 21 de diciembre de 2018. “Pasé las fiestas acá. Me dijeron que iba a pasar las fiestas y pasé en mi casa”, relata. La obra comenzó el 11 de octubre, día en que cumplía años. Ella se estaba haciendo un estudio médico en la capital del departamento y recuerda que la llamaron para avisarle que empezaban a hacer la platea. En total fueron dos meses de obra que llevó construir su vivienda de dos dormitorios ubicada en una zona central de la localidad de Ansina.

“Yo me quedo en Ansina. Me quiero quedar acá, no pienso mudarme y ahora con mi casa menos” afirma con el orgullo de quien pertenece a un lugar.

Durante la entrevista sonríe muchas veces, en especial cuando habla de sus hijos o muestra su casa. Sorprende su alegría y serenidad a pesar de haber vivido tiempos difíciles.

El más grande de sus hijos trabaja en el medio rural y el más chico está estudiando electricidad en la UTU. Ellos están felices con su casa dice. “A veces no me cae todavía. Parece mentira que estamos en nuestra casa. Hay días que no me cae todavía”.

El Plan Integral del que participó Cila comenzó hace cinco años en una microrregión de pequeñas localidades en la que se completarán 160 soluciones habitacionales, un 90 % son construcciones nuevas y el resto ampliaciones y refacciones.

Villa Ansina queda a 50 kilómetros de la ciudad de Tacuarembó y cuenta con poco más de 2000 habitantes, en agosto de este año Mevir inauguró, allí, 43 viviendas de las cuales 28 están construidas en terrenos de MEVIR y 11 están, entre ellas la de Cila, en terrenos de las familias.


Una chica superpoderosa

Nos espera con las botas amarillas que usaba en la obra en la que trabajó durante un año y medio haciendo doble turno, los primeros tres meses, porque entró como suplente. “Las quería esperar así. Quería que las recibiera no solo la mamá de Chiara, la ama de casa, quería que las recibiera Andrea la obrera, porque es gracias a esa obrera que hoy nos conocemos y hoy tengo mi casa” relata con tanta emoción como entusiasmo.

Su casa es una de las viviendas dúplex que se inauguraron en 2017 en Gregorio Aznárez, localidad ubicada en el kilómetro 89 de la ruta 9, al este del arroyo Solís Grande y al suroeste de Maldonado. Allí vive con Chiara, su hija adolescente que cursa segundo año de liceo y su perra Dharma y su gato Grey. Chiara tiene su cuarto, decorado con grandes dibujos de su autoría que impactan por la creatividad y el detalle.

De una de las paredes principales de la casa cuelga, en un lugar de honor, el casco azul que utilizó en la obra junto a un paraguas y un abrigo. El living rodea la estufa a leña y está conectado con la cocina, decorada con el encanto y la calidez que transmiten Andrea y su hija en todo momento.

Cuando la llamamos para invitarla a ser parte de esta nota aceptó encantada. Quería contar su historia. Está orgullosa de haber sido parte de un proceso que las llevó hasta aquí y según afirma “les cambió la vida”.

Trabajó en la obra un año y medio. Los tres primeros meses tuvo que hacer doble turno porque tenía que hacer las horas de ella más las horas anteriores que había perdido por entrar más tarde que el resto (al principio quedó seleccionada como suplente).

Antes de mudarse a Gregorio Aznares vivía en cerros azules junto a su mamá y su hija. Luego, cuando se abrió el llamado estaba en pleno proceso de separación y no pudo anotarse hasta que se abrió un segundo llamado y se inscribió.

Recuerda que un día la llamaron y le avisaron que había quedado y no lo podía creer. En el medio de temas legales con el papá su hija siente que pasó de no tener nada a tenerlo todo. Y cuando habla de tenerlo todo se refiere a una experiencia más profunda que la vivienda en sí misma. Durante la entrevista repite varias veces ese dato porque necesita que se entienda con claridad. “La experiencia de MEVIR fue, no, es, porque sigue siendo, para mi no se termina porque es algo que te queda. Es de no te tener tu casa y asegurarte tener una casa. La adversidad te da dos caminos, o te hunde o te saca adelante.” cuenta mientras sonríe.

Hubo quien le dijo que no iba a poder, que no era capaz, que nunca iba a lograr su sueño. “El trabajo de obra es bravo. Yo tenía que poder y poder salir adelante. Y esas palabras fueron lo que me dio muchísimo para arriba de poder y lograrlo”, menciona Andrea. También aclara que si bien tenía que hacerle una casa para su hija el proceso era importante porque le daba la importancia de sentirse útil. De saber que podía lograr las cosas que se proponía y que ella era capaz de hacerlo. Incluso teniendo que cumplir muchas horas o desplazarse entre Cerros Azules, Aznárez, escuela, ballet, etc.

“Estuvo buenísimo porque venías al trabajo y era un ambiente lindo. Eso que es tan duro en mi caso me sirvió para darle para adelante. Tenía que meterle. Tenía que lograrlo. Uno puede muchísimas cosas. La adversidad o te vas para abajo o agarrás fuerza y le das. Eso no me lo quita nadie. Las casas son bellísimas. La cuota es accesible para cuando la situación económica es brava” afirma.

Andrea no tenía conocimientos de construcción, “yo no me subía a una silla para cambiar una lamparita porque me daba cosa y después terminas arriba de los andamios con los cintos y decís de dónde salí. Es impresionante como te fortalece. Y además que aprendes”.

Comenzó como peón, acarreando baldes. Un día empezó a levantar paredes. De a poco los oficiales de la obra le fueron enseñando y fue aprendiendo a hacer de todo. “A mi me encantó. Está bueno porque vivimos en una sociedad machista y ahí estás a la par de los varones y haciendo trabajos que son casi siempre asociados con un hombre” comenta con la firmeza de quien hace una declaración para que se escuche bien fuerte.

En el proceso de obra recuerda que se creó un vínculo muy importante entre los participantes y los obreros contratados por MEVIR, “no se si MEVIR elige a los oficiales así de buenos o los forma así. Te hacen ver que tu puedes. Te cuidan. Tu tienes la oportunidad de hacer las cosas. Eso te fortalece de tal manera. Además, todo lo que te cansa el cuerpo y el trabajo, el alma y el espiritu se reconforta”.

Andrea no solo está encantada con las casas nuevas si no que también es muy consciente del cambio en la tipología de las viviendas que MEVIR ha tenido a lo largo de estos años. “Las casas son bellísimas. A lo largo de los años fue cambiando la clásica estructura de casitas blancas. Yo me sentía tan importante porque estábamos cambiando la historia de MEVIR. Esto era como un experimento. En base a cómo salía esto iban viendo qué se podía modificar. Fue un desafío hasta para los oficiales que aquí trabajan. Hay un antes y un después” indica.


Por último concluye que está convencida que “parte de la tarea de MEVIR no es solo que tu te hagas tu casa como parte de la forma de pago. También es que tu aprendas. Yo preguntaba 500 veces cada cosa y ellos me explicaban. Yo quería aprender y aprehender con h en el medio”.

La construcción de 48 casas en la localidad de Gregorio Aznárez, en Maldonado, comenzó en mayo de 2016 y tuvo la particularidad de iniciar a Mevir en la modalidad dúplex, diseño que posibilitó ganar terreno y hacer más unidades. La inversión del organismo fue de 90 millones de pesos mientras que el resto fue aportado por los participantes del complejo a través de horas de trabajo.

 


Eficiencia energética

El núcleo de viviendas Solís de Mataojo III fue inaugurado en diciembre de 2017. Son 46 viviendas en las que se instalaron calentadores solares de agua para fines sanitarios, con una inversión cercana a los U$S 70 mil, que fue realizada en el marco del Fondo Solar MEVIR creado a partir del Convenio suscrito entre MEVIR, el MIEM y UTE en agosto de 2017.

El convenio supuso la creación de un fondo de U$S 300.000, que fue aportado por UTE. El 75% de esa cifra se afecta a la compra de los equipos, que los beneficiarios recibirán subsidiados en ese porcentaje. MEVIR se obliga a acondicionar las viviendas para la incorporación de los paneles solares y a realizar el concurso de precios para su compra, instalación y mantenimiento.

El Fondo Solar MEVIR subsidia el 75% de su costo y el 25% restante es reintegrado por los beneficiarios en cuotas sin interés y ese dinero vuelve al Fondo para atender otras necesidades. Además, los beneficiarios participan de capacitaciones didácticas brindadas por la empresa contratada que refieren al uso, cuidado y mantenimiento de los equipos. Estas actividades son abiertas a la comunidad.


Un lugar para vivir

Nació en Cerro Largo, pero hace 18 años que vive en Maldonado, “nos quedamos después de que vinimos con papá y mamá a buscar trabajo” recuerda.

Suspira, sonríe y se acuerda del día que en el pueblo empezó a correr la voz de que se iban a abrir inscripciones para un plan de viviendas de MEVIR, “acá pueblo chico nos enteramos enseguida de todo” dice Valeria. Reunió todos los documentos que se necesitaban para la inscripción y se fue a anotar, “después cuando salió la gente seleccionada no lo podía creer, lloraba de alegría, todos estábamos iguales, chochos de la vida” rememora emocionada.

Valeria recibió ayuda de su padre y su esposo en la construcción de la casa, pero por temas laborales fue ella la que levantó, prácticamente sola, la casa donde viven. Debía organizarse bien en sus horarios, en la noche aprontaba junto a su esposo todo para el otro día. “Su niña” como ellos llaman a su hija, tiene varias actividades con las que tenían que cumplir, a parte de la escuela. Valeria al salir de trabajar en la obra, se desempeñaba como peluquera a domicilio. Algunos días en la mañana trabajaba como empleada doméstica y al salir de allí iba a seguir su labor en la obra, “dio trabajo pero valió la pena” asegura.

La contención de la familia para ella fue un apoyo fundamental, “¡cada cansancio! llegaba cansada a casa y alunada. Pablo ya sabía cuando estaba cansada y me ayudaba, me sentía contenida”. Pensaba también que no iba a poder terminar la casa, lloraba de cansancio pero su familia le decía que siguiera, que le quedaba poquito, que ella podía, y esas palabras la animaban a continuar.

Valeria no sabía nada de construcción, pero fue en la obra donde aprendió a levantar pared, a hacer un aplacado, entre otras tareas. Hay cosas de la obra que hoy implementa en su vida, por ejemplo ayudó a pintar una pared en la casa de su suegro con las técnicas aprendidas.

En el lugar donde vivían antes había mucha humedad, los roedores caminaban por el techo. El espacio de la casa era reducido y no tenían cuarto. Ambos querían que su hija tuviera su espacio, ahora esto cambió, la casa donde viven cuenta con tres dormitorios, baño, cocina y comedor.

Para Valeria participar de un plan de MEVIR y construir la casa donde viven ahora fue “una experiencia buenísima, conocer gente, aprender, más que nada el aprendizaje, el buen trato de ellos para con nosotros”. Sus planes a futuro son que sus hijos crezcan bien, tener un trabajo fijo y poder seguir adelante.